Una visita al Mercado de San Isidro, el que recuerdo y ¿Usted?

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Una visita al Mercado de San Isidro de El General. No es  el que usted espera, es el que yo aún recuerdo como el Mercado, en el lugar que hoy ocupa el llamado Complejo Cultural, donde se encuentra la Biblioteca del cantón y donde martes a martes, se negocian y se dirigen los negocios del cantón.

Entraba y a mano derecha encontraba a Don Jesús Navarro, vendiendo su mercadería, recuerdo comprar las más jugosas anonas, según mi memoria en ese tramo largo y angosto. Y con la mirada inquisitiva por encima de los lentes y su franca sonrisa a Don Jesús garantizando el dulzor de tan afamado fruto.

Al frente estaba el Tramo de Tulio Navarro, seguido por el de Margarita su hermana, en cualquiera de los dos podías encontrar a Jovita con su sempiterno delantal, siempre blanco, sin manchas, su pelo ya pintaba canas, pero su mano amable siempre te atendía. Y que chiquillada la que había ahí, Wilfrido, Alberth el de Nelly, y toda una catizumba de guilas, Cecilia y Margorie, al cual por razones que fueron luego genéticas los considere y considero mis parientes. El aroma mezclado de verdura fresca, de apio, culantro, bananos y ya mercadería que era limpiada pues no estaba ya en condiciones de vender, al fondo se escuchaba a las  Castro Benanburg gritando y asegurando que tenían el más fresco de los tomates, producidos en Los Chiles de la mano de Don Carlos Castro. Y seguían las carnicerías de los Mena, los Navarro, todos reclamando que sus toros eran los mejores y de los cuales provenía la mejor carne, todo esta algarabía era interrumpida por el olor a fresco chorizo que era frito en un kiosko del centro, donde se hacían las más deliciosas tortillas frescas que he comido alguna vez, con un fresco de crema o horchata o quizás un pinolillo de don Luis Tortas, no podía dejarlo pasar, antes de dirigirse al tramo de Doña Lía a comprar los frijoles que tenían en sendos cajones de madera, pero sobre todo para llevar el rico queso hecho de la misma mano del famosisimo Sapo de Oro, esposo de Lía. Y adentro en la parte de Bazar encontrabas a Godínez si querías comprar unas alforjas de yute, una guitarra de juguete, o un brioso caballito de palo, canastos, pañuelos, cobijas o botas, ahí había de todo.

 

Ya afuera en la esquina la famosa Soda el Hogar, que se reservaba para los más finos, que sentados en sillas y no en bancos o de pie, saboreaban el más rico café con leche y u arreglado, y podíamos observar como apresuradamente los pasajeros subían a la Musoc, que partiría a San José.

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Detrás del mercado estaba la oficina de la Station Wagon, ahí el famoso Ñato, gritaba a San Jose por la pista, nos vamos por la pista, mientras el joven Otto Ureña aparte de venderte el tiquete, practicaba su trompeta. Y la entonces cosmolitan parada de autobuses, al costado sur del Mercado en la propiedad de los Ayales, los buses hacian fila, mientras los chiquillos vendian chicles y loteria, a aquellos que iban para las zonas lejanas.

 

Al frente la siempre eficiente Botica Santa Marta, con precios justos y siempre atentos al dolor y suministrar los más finos medicamentos y ungüentos para la salud del cantón, y uno que otro guarapetazo en el costado norte en el Rancho Grande se tomaba más de uno. Cerca muy cerca estaba el Almacen Madrigal, el Almacén Gigante de los Precios Enanos, y al frente la Sastrería Madrigal, donde podías comprar tu pantalón hecho a la medida o comprar un club donde si tenias la suerte de los ganarías con la lotería nacional. Estaba junto a la Musoc al costado norte del Mercado la venta de productos e insumos ganaderos y agricolas, donde Traube de fijo compraban, si no querian caminar hasta el Almacen  Franklin Esquivel, quien decia mejor Viejo Conocido que Nuevo por Conocer, que era su lema publicitario.

Y usted que recuerda?

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  1. Elizabeth Coto Quijano