Y de donde vino la palabra Chunche?

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Los primeros ciudadanos chinos llegaron a Costa Rica a finales del siglo XIX, para la construcción del ferrocarril al Atlántico. Y aquí rápidamente les empezaron a llamar culis.

Fueron traídos por inversionistas ingleses en los barcos de vapor que, mensualmente, arribaban al puerto de Limón. Como cuenta Ricardo Fernández Guardia, el arribo de esos barcos de la Mala Real Británica era una fiesta, única ocasión en que se podía conseguir hielo en ese puerto. Dichos ciudadanos chinos eran traídos del área del río Huang ho (Río Amarillo), principalmente de las provincias de Shanxi, Henan y Shandong, al sur de Beijing (Pekin).

Era tal el hambre y la escasez de recursos que se vivía, por esos años, en China, que a la primera oferta que les hacían, los jóvenes chinos no dudaban en aceptar las promesas y maravillas que les pintaban los ingleses, forjándoles idílicas imágenes sobre el paraíso de estas tierras y las riquezas que iban a amasar y, sin más ni más, se embarcaban rumbo a Costa Rica. De más está decir que, ignorantes e iletrados, como eran, no sabían nada de otros idiomas.

Fernández Guardia, en su cuento “El ahorcado”, narra las calamidades que sufrieron esos culis como se les puso. Para ellos su vida valía muy poco y, como tenían la esperanza de que, al morir, resucitarían en China, no dudaban dos veces en quitarse la vida.

Constantemente aparecían culis ahorcados: “no había día en que no amaneciese algún hijo del Celeste Imperio colgado de un árbol, para envidia de sus compañeros, que a pie juntillo lo creían resucitado a orillas del Hoang ho” (Fernández Guardia p.112). Para poner fin a esa peste de auto inmolaciones, un día, el médico del campamento, tomó el cadáver de dos chinos, recién suicidados, les cortó las orejas y las trenzas y, por medio de un intérprete, les hizo saber que, todo aquel que se suicidara sería descuartizado, y así sería como resucitarían en su tierra. Esto acabó con los suicidios.

Y es que la vida por aquellos lares era extremadamente ingrata: las enfermedades, especialmente el paludismo; los zancudos, las serpientes, otros animales salvajes, la falta de comunicación con los incipientes centros urbanos; el intenso calor, la humedad extrema; la falta de alimentos y medios de diversión, conformaban un entorno invivible y desesperante. Para los culis, la situación era peor, pues no hablaban ni una palabra de Español, para comunicarse con los pocos ticos y nicaraguas que allí trabajaban. Tampoco hablaban ni gota de Inglés, para hablar con los negros jamaiquinos o los capataces gringos de la recientemente creada compañía de don Minor Keith.

Chunche o chunchón

La siguiente parte de la historia me la contó don Jesús Acuña, dicharachero, jocoso y ameno trabajador social, con quien trabajé en el IMAS, allá por 1980. En razón de su profesión, él tenía que viajar por todo el país, especialmente por la zona atlántica.

Contaba don Jesús que, en alguna de sus giras, un descendiente de uno de aquellos pocos culis, que logró sobrevivir y se quedó en tierras limonenses, le preguntó: ¿sabe usted el verdadero origen de la palabra chunche? Ante su negativa, le relató lo siguiente: cuando los chinos recibían los pocos reales de su salario, debían ir al improvisado comisariato del pueblo más cercano, a hacer sus compras. Como no sabían ni pizca de español, tenían que recurrir a señales y gestos para hacerse entender. En su deseo de comunicarse, cuando querían comprar algo, lo señalaban o lo tocaban y decían algo en su idioma natal. A los lugareños les parecía que siempre, al señalar cualquier cosa, decían algo así como “chung chong”. El dependiente, ya se había acostumbrado a que cualquier cosa que ellos pedían, era un chunchón, y se empezó a hacer mofa de aquella expresión. Es así como, los mismos lugareños, empezaron a llamar a cualquier cosa un chunchón: un peine era un chunchón, lo mismo que el arroz, los frijoles, una cuchilla de afeitar, una lata de pescado, una olla, una tasa, una botella, un pedazo de madera, etc.

El término, de chacotero, pasó a ser un comodín en el hablar común de la zona y, rápidamente, se esparció por el resto del país. En algún momento cambió a chuncho y a chuncha y, de allí, a chunche. Y desde luego, a todas las derivaciones que hoy le conocemos: chunchito, chunchereco, chunchereca, chunchereque, chunchero, chuncherequear.

Casi 140 años después, chunche no solo sigue vigente, sino que, hoy, se le exhibe como uno de los términos más auténticos del hablar de los ticos. Si no, que lo diga Mauricio Montero, exjugador de fútbol de Alajuela, a quien, por su autenticidad y sencillez, el pueblo lo llama, cariñosamente, Chunche.

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