Aprendiendo hotelería

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Habiendo crecido en una familia, con hoteles, siempre me gusto el negocio, de hecho hasta me llegue a desempeñar como gerente de hoteles reconocidos mundialmente.

Una de mi primeras experiencias en que quede a cargo de la función de recepción de hotel, fue hace algunos años, bastantes, en el Hotel Balboa.

Este hotel estaba en la segunda y tercera planta del Almacén Madrigal, el almacén gigante con precios enanos, era su lema. Diagonal al Mercado Municipal, lo que es hoy el Complejo Cultural.

El propietario era Don Mario Madrigal. Su hermano un fino sastre Guido Madrigal, tenia frente al Almacén una sastrería. Compañero de colegio de su hijo Luis, y de Guido hijo en el escultismo, cultivamos una linda amistad con esa familia.

Ellos siempre tenían algún sastre que traían de San José, para poder cumplir con la demanda de horas y horas de ardua labor, entre telas, botones e hilos, y zippers para crear sus pantalones. En cierta ocasión uno de esos sastres de nombre José, que vivía en el hotel Balboa, frente a la Sastrería.

 

 

El hotel ya había visto mejores tiempos y se ocupaba de atenter a pasajeros de rápida estadía, se había convertido en un hotel de paso, como llaman ahora. Sin embargo yo, a esas edades, no tenía idea, ni pasaba por mi mente, la existencia de establecimientos de esa naturaleza.

José, había alquilado el hotel, de día tenía una muchacha que hacía la limpieza y el atendía por la noche, vivía además en la habitación uno, que fungía de oficina y a la vez. De día el laboraba con Don Guido en la confección de las afamadas prendas de vestir para caballeros.

Un día la mucama llamo enferma y no tenía quien le atendiera el hotel, estando yo por ahí, el me solicitó que le ayudara, le conteste, bueno que tengo que hacer, con gusto lo hago.

Me llevo a la habitación uno, encendió el televisor, blanco y negro, marca sylvannia, con una antena de ganchos para ropa de metal y recibía la señal de la única estación que aquí llegaba, teletica.

Me dijo, mire tenemos las 5, 4, 3 disponibles, el precio para una persona es 5 colones dos personas 10 colones.

Cualquier cosa me llama, yo vigilo desde la sastrería.

El se fue, yo me senté cerca de la ventana donde podía ver pasar a la gente, y con una buena visión al televisor. Pasaron como treinta minutos y llego una pareja, buscando una habitación. Yo amablemente, les cobre, y les lleve a su habitación, junto con dos paños en mano y un rollo de papel higiénico marca Lys de color rosado, y dos jabones punto rojo minúsculos, les mostré la habitación y volví a la oficina Me sentí todo un profesional, había rentado mi primer habitación.

Pasados 25 minutos, la pareja salió, el hombre me dijo la llave quedo en la habitación, le dije espere y se la traigo, para cuando regrese, me dijo no regreso, gracias!

Corrí, como buen empresario a revisar la habitación, con miles de preguntas en mi mente, por que se fueron tan rápido? No les gusto la habitación? Porque no usaron los paños?, La cama tendida? Que pasó?

Sin respuestas, arregle la habitación un poco. Y bueno estaba terminando de hacerlo. Cuando justo, llego una segunda pareja, buscando habitación, les alquile la 4. Casi la misma historia se repitió, un poco más de tiempo, pero la pareja, se fué. Lleno de incógnitas, seguí en mis labores, y paso de nuevo, alquile la 5 a una tercera pareja y se fueron y no volvían.

Me empezó a preocupar! Cuando llego José y me preguntó como esta todo, le dije, bueno Jose aquí hay 90 colones de arriendo, pero hay un problema, la gente se va, no se queda en el hotel.

El me miro y me dijo y por que será? Le dije, bueno, deberá, revisar, colchones, almohadas, resortes, olores, quizás es la limpieza, o muy calientes, no se. Pero si un hotel la gente se va, como va haber negocio.

El soltó una risa, y muy amablemente, me explicó, algo del negocio de hotel que no sabía.