El negro en la Costa Rica de hoy

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Con motivo de la celebración del Día del Negro en Costa Rica, hemos decido compartir con ustedes este extracto. Es de nuestra opinión que  como costarricenses, lo leamos, que nos abre a un panorama que muchos por una ignorancia histórica, o de actitud,  o meramente de descuido, no lo hemos analizado.

Quince Duncan
El negro en la Costa Rica de hoy

Relaciones raciales en Limón
Primero llegaron los peones. Eran hombres del pueblo, hombres marginados.
Muchos de ellos sin mas posesi6n que su machete y la ropa que llevaban puesta.

Llegaron buscando trabajo, cualquier cosa, y se colocaron en el campo como macheteros
y en la ciudad como estibadores y peones del ferrocarril. Otros trabajan en
las fincas bananeras.

En el negro se ha desarrollado un sentido de superioridad muy marcado, dadas
las condiciones hist6ricas que apuntamos antes. El latino que llega a Limón, es
el más desposeído: bien costarricense. bien nicaragüense.

En el latino que crece en Limón y en el negro que se cría con el, comienza a
gestarse un sincretismo cultural -aunque no racial- que acabaría dando forma al
hombre limonense.

En un restaurante cualquiera, un niño blanco ofrecerá sus servicios de limpiabotas
en inglés o en el dialecto del inglés que se emplea en la conversación diaria.

En la estación del ferrocarril, un niño blanco ofrece al viajero, pambón y pati. A su
vez, el niño negro a no dudarlo, hablará en español, o en ese dialecto afro-anglo-latino,
que han forjado juntos los dos grupos étnicos. Lenguaje ya en algunos aspectos,
diferente del de Jamaica.

Pero también llegaron otros, los acaparadores de tierra, los traficantes de la miseria ajena. Aliados con ciertas autoridades inescrupulosas, despojaron a los limonenses de sus tierras, de las tierras que no denunciaron porque hubo una ley que los restringía.

En la primera etapa, las relaciones raciales son de una integración en todas las áreas menos dos o tres: concretamente en el matrimonio y en el culto, blancos y negros mantienen un voluntario “separatismo”. Hubo desde luego, algunas excepciones: algunos latinos se hicieron protestantes, y hubo negros que se convirtieron al catolicismo.

Hubo casos de matrimonios, o más frecuentemente, casos de “junta”. Pero con todo, era la excepción. Los latinos que inmigraron, vivieron en la casa del negro, aprendieron a comer de su mesa. La población negra, gradualmente abandonó la mayoría de sus prejuicios iniciales: por ejemplo la idea del “paña desasiado”, etc.
y aprendió también a convivir con él y a comer de su mesa. “Este fulano, nació y creció con nosotros”, solían decir del latina limonense los abuelos.

Entre limonenses se vino al suelo la gama de prejuicios que suponen que unos y otros no son seres
humanos.

En la religión, mutua tolerancia. En el sexo, la idea era que “los negros somos una raza fuerte, y mezclarse es debilitar nuestra raza”. Casarse con una persona blanca era casi una traición para los negros limonenses. Este fenómeno es interesante, porque si por un lado los abuelos le recomendaban a uno que se casara con
“alguien de piel más clara para ‘subir’ de color”, de ninguna manera esa recomendación le autorizaba a “untar paña”.

En todos los demás campos, los limonenses conviven. Juegan juntos, estudian juntos, son amigas.

Pero llegaron los otros, los que tenían en la meseta una posición de cierto privilegio. Para ellos Limón era la mina, la posibilidad de hacerse de dinero. No hubo que los frenara. Lo arrasaron todo.

El fenómeno de la discriminación racial se dio en Limón, a nivel de la Compañía  Bananera. Los estadounidenses, y otras personas europeas en menor grado, como es su costumbre no podían mezclarse con los demás y vivir con todo el mundo.

Crearon sus pequeños barrios, o “zonas”, a los cuales vedaron la entrada. El negro que entraba a la zona, era por razones de trabajo. El latino que lograba entrar, lo hacía por su empleo. A nivel de empleo también hubo discriminación aunque en menor grado ya que el negro por su conocimiento del inglés tenía la ventaja.

También ha habido y sigue habiendo discriminación en los puestos públicos, pues la mayoría
de los funcionarios se nombran desde San José, y los primeros en llegar van colocando a sus amigos.

Fue muy desagradable cuando recientemente en una comunidad del Cantón de Matina, un grupo de personas blancas – posiblemente de la Meseta Central – iniciaron la construcción de otra plaza de deportes en la cual, decían, no iban a dejar jugar a los negros.

Pero en términos generales podemos afirmar que las relaciones raciales en Limón son mucho más fecundas que las que se dan en la Meseta Central. Allá tradicionalmente, las razas están acostumbradas a interactuar a niveles distintos. y si bien en los últimos años el negro ha perdido terreno, aún no se ha producido una estratificación económica rígida, coincidente con las diferentes razas. Tradicionalmente, el chino es el comerciante, el negro el patrón rural y el peón en los muelles, el empleado de confianza de la-Northern, el dueño de la tierra o peón. Pero se-nota en muy diferentes capas sociales la interrelación racial. El surgimiento de una clase alta, blanca, adinerada, ajena a los intereses de Limón, es un fenómeno reciente.

El blanco de Limón, aunque tenga dinero y sus intereses no siempre coincidan con los del pueblo, por lo menos tiene tanta lealtad hacia la provincia, como sus coterráneos negros.

Ahora bien, la incidencia de la escuela, dominada por maestros blancos de la Meseta Central, si ha hecho un daño al limonense negro.  Porque si bien le ha abierto las puertas a otro mundo, le ha arrebatado violentamente su identidad cultural. Porque según la escuela costarricense, no hay nada en la historia del negro digno de estudiarse, ni hay por que estudiar los asuntos negros. Cuando el alumno le pregunta al
maestro en clase, “por qué Pedro es blanco y Samuel negro”, el maestro responde que todos somos iguales y cambia el tema, dejando al niño con la pregunta abierta.

Por otra parte, es increíble la cantidad de prejuicios con que los maestros llegan a Limón: la profesora que no creía que los negros supiesen orar; la profesora alajuelense que preguntó si es cierto que la gente de Cieneguita usa taparrabo; el profesor que afirmaba que los negros tenían una colita atrofiada.

Al no incluir en el currículum nada de la cultura negra, la escuela costarricense niega los valores del negro. Una raza es dueña de la cultura. La otra raza es la ignorante. Una raza es la que sabe, la otra es la que aprende. Los niños blancos en la  escuela se sienten por primera vez superiores; los niños negros desarrollan un complejo de inferioridad. Para el negro se trata de renunciar a los valores recibidos del pecho de su madre; de la sabiduría recibida sobre la rodilla de su padre. Y entonces beber la nueva cultura, la que la maestra blanca ofrece. Porque ella lo sabe todo, y todo lo del negro es producto de su ignorancia.

Hay magníficas excepciones desde luego. Pero tal es la situación en términos generales. Y qué decir de muchos de los profesores negros. Víctimas ellos también de la alineación cultural, se han convertido sin darse cuenta en blancos de piel negra. Duele oír al maestro negro, diciéndole a un alumno negro, que es malo y tiene el alma negra.

En Costa Rica, como en todo Occidente, lo negro es símbolo de lo malo, lo blanco de lo puro. Lo negro es feo, lo blanco hermoso. En tal escala de valores se mueven los maestros blancos y negros trasmitiéndoles a sus alumnos, blancos y negros, una simbología racista. La mayoría de ellos lo hacen inconscientemente. Lo
hacen porque sinceramente creen en estos mitos. Nunca se han detenido a pensar en el origen de esta simbología. En las aulas de Limón el único folklore que se enseña es el del Guanacaste.
Esto se justifica en los lugares de Costa Rica donde la expresión artística no ha logrado un desarrollo. Pero en Limón, imponer el “punto” es alienante. Pero no se puede culpar a los maestros ni a los profesores, porque todos somos víctimas de un sistema social heredado. No se nos podía culpar; pero ahora hemos tornado conciencia del problema. Y no tenemos excusa para dejarlo como tal.

Relaciones raciales en el resto del país

Si con el Gobierno del Partido Liberación el negro alcanzó a partir del 49 status legal de ciudadano, sigue sin disfrutar plenamente de sus derechos y sin ser reconocido realmente por el resto de los costarricenses, como ciudadano de primer orden.

Una de las expresiones favoritas de los costarricenses ilustra este hecho: un amigo blanco le comentará a su amigo negro, en los siguientes términos: ¡Ah, Fulano!, tu “paisano” vino a verte. En otras palabras el negro es paisano del negro (jamaicano), en la mente de la mayoría del pueblo costarricense. Y basta que no sea
posible para el costarricense blanco, afirmar en cualquier parte del mundo que este hombre que me acompaña, siendo negro, es, no obstante, “mi paisano”, el proceso de integración no estará completo.
Por otra parte, hay en el costarricense de la Meseta Central, una actitud que puede degenerar en racismo. Una actitud de desconfianza; y sobre todo, una actitud despectiva con respecto al negro.

No vamos a extendernos aquí en los clásicos ejemplos del pellizco para la suerte, ni la expresión de que va a llover y otras tonterías que vistos individualmente pueden parecer infantiles, pero sumados y puestos en contexto resultan crueles, muchas veces despiadadamente crueles. Vamos a poner de ejemplo el caso de una pareja de negros que se presenta a una pulpería a realizar sus compras, con su niñita a cuestas. La niña es de pigmentación clara, casi blanca. Uno de los padres es de pigmentación bastante oscura. “Tiene suerte la chiquita de haber salido tan blanca”, fue el comentario del pulpero. O la expresión de una madre que bajo los efectos de la histeria, le gritaba a su hija: “si te vas a casar con un negro, por lo menos escogé uno que sea profesional o que tenga dinero”.   O el consejo de otra madre: “házle caso al negro hija, te conviene. Vas a tener un hombre fiel toda la vida. El sabe que no es así no más que se puede casar con una blanca”.

O bien la negativa de una directora de kinder en un barrio al noreste de San José (privado) de admitir a un niño negro: “no me queda campo” – dijo. Pero luego los padres llamaron por teléfono, y la misma señora dijo tener todavía seis campos.

Para ella es necesario anteponer los intereses racistas de la clase que sirve. Es mal negocio, en otras palabras, tener un negro en su kinder. O si prefieren, el descaro de un vendedor de bienes raíces que se negó a vender
un lote a un negro, a pesar de que el negro iba recomendado por un amigo, porque “te confieso viejo que si fuera solo por vos no habría problema. Vos sabés que yo no tengo prejuicios raciales. Es más, tuve una novia morena. Pero es que, el negocio se me viene abajo el valor de los lotes”.

O acaso, citaremos la confesión que me hizo un antiguo patrón, quien hoy es una de mis mejores amigos: “tuve miedo de darte el trabajo. Es que yo tenía el criterio de que todos los negros son borrachos, parranderos e incapaces de trabajo intelectual”.

El niño que pide en la calle se acercará a dos personas que caminan juntas. Se dirigirá sin duda al blanco con el título de señor. Al negro en cambio le dirá “moreno”. En la carnicería el dependiente utilizará dos distintos títulos para la cliente blanca y la cliente negra: a la una le dirá “señora, ¿qué se le ofrece?” A la otra, “¿qué
te doy morena?” A cuantos limonenses la policía josefina ha advertido que se “cuiden” porque
aquí “no es Limón”. Estas actitudes no son aisladas, sino generalizadas. En todas partes de la Meseta
Central, el fenómeno se da todos los días y a todas horas. La actitud del “mesetino”, no obstante, es negar la existencia de sus propios prejuicios. Al negarla, complica el problema porque cierra el camino al diálogo.
Porque al negarla, en cierta forma, niega la experiencia del negro. “Es que usted tiene complejo de negro”, me dijo un amigo en una de nuestras discusiones. Con eso, enfrío nuestra amistad, porque sin duda me estaba llamando mentiroso.

El negro ha tenido la experiencia, y sabe lo que ha vivido. Cuando lo cuenta, lo último que espera es que esta experiencia sea negada. El único camino que nos queda a los costarricenses, es reconocer con humildad la existencia del problema.

Problema que está todavía a un nivel que hace creer en una solución positiva.

La eliminación de todo racismo en las conversaciones diarias, en las categorías
metafóricas. La elevación de lo negro a su justo nivel. No una especie de “deificación”, porque eso a nada conduce. Sino una actitud simplemente positiva, de respeto mutuo, de interés y de mutua comprensión.

La Cuarta Generación
La nueva generación de negros limonenses son ante todo, hombres pensantes. Si sus antepasados no supieron recoger con éxito el mensaje de Marcos Garvey, no es posible detener la influencia que la creciente toma de conciencia del negro norteamericano, ejerce sobre ellos. En Limón circulan los libros de los grandes escritores negros.

Los negros que se fueron a los Estados Unidos mantienen una intensa correspondencia con sus familiares y amigos. Los más viejos suelen contar “las maravillas” de los rascacielos y el sueldo que ganan; pero los jóvenes se inclinan más por contar a sus compañeros acerca de las ideas en boga, y enviarles discos y libros. Por otra parte, la crisis económica que vive 1a provincia, el fenómeno de la estratificación de una clase blanca adinerada, las luchas de los obreros, el creciente sentimiento de solidaridad, la toma de conciencia del joven estudiante que sabe que es inteligente y si fracasa en los estudios es porque algo anda mal, ha contribuido a formar este negro siempre recio, pero dispuesto a devolver golpe por golpe. Si sus padres por no saber español, sufrieron pasivamente, el negro de la nueva generación no está dispuesto a tolerar más injusticias.

El sabe que aquella vez cuando “papá perdió la finca o la casa”, fue por una acción injusta e ilegal. El sabe que si no puede recuperar lo ya perdido, no tiene ya nada que perder.

Hay bachilleres en Limón que nunca vendrán a la Universidad a pesar de su deseo e indiscutible capacidad. Condenados a vegetar, se vuelven incluso hostiles frente a una presión irresistible.

Alguien me preguntó como es posible que los negros costarricenses quieran irse a trabajar a los Estados Unidos. Pero es que para el negro, desarraigado de la tierra, explotado y miserable, es preferible una explotación con el estómago lleno. Por lo menos en los Estados Unidos puede consolarse diciendo: “de por sí, éste no es mi país”.

En un estudio realizado en Puerto Limón, reunimos a 50 jóvenes cuyas edades oscilan entre los 15 y los 22 años, la mayoría de ellos estudiantes de secundaria o recién graduados.

Una vez reunidos, se les invitó a levantar una lista de los problemas de su comunidad y discutirlos, tratando de señalar las causas. Esta labor ocupó toda una tarde. Al día siguiente, regresaron para clasificar los datos que habían aportado, y se tomaron como muestras de su pensamiento solamente aquellos aportes en que hubo una mayoría marcada.

Señalaron entre otros problemas, la superstición. Esto, alegaron, es legado de África, pues nuestros antepasados creían en los espíritus de sus antepasados. Pero hay en estas creencias algo muy similar a la creencia en los santos populares que tiene el resto del pueblo costarricense.

Consideran que el limonense en general es un instrumento en manos de los políticos, que sólo se acuerdan de la provincia cuando quieren conseguir votos, pero que una vez en el poder se olvidan de Limón, y sobre todo del negro. Por esta razón no hay una participación activa del limonense en la política. Pero al mismo tiempo
señalaron que su marginalidad complica el problema, pues le deja el campo libre a los políticos de pocos escrúpulos. Sobre economía, se autoclasificaron como pobres. “El negro es pobre” porque nos han despojado de las tierras. Nosotros hicimos de Limón lo que Limón es, “y ya ve”. Sostuvieron ardorosamente que en las empresas de Limón se da preferencia a los blancos en lo relativo a empleos. “Hay pocos negros
que mandan, y aun los que mandan casi siempre son sólo una mampara tras la  cual se esconde el verdadero jefe blanco, pues tiene que consultar con él antes de tomar una decisión. “Citaron varios ejemplos con nombres y apellidos.”

Reconocen su falta de solidaridad como el elemento determinante de su estado. Y ven la unión de todos los negros como la única alternativa de cambio. Y señalaron que, por ignorancia, el negro desprecia su propia herencia cultural.

Hay desprecio y odio mutuo entre los negros limonenses. Las familias, alegaron, están desorganizadas. Hay hijos sin padres, pues éstos se han ido a trabajar a Estados Unidos. No hay centros de diversión sanos. La educación es mala. El resultado es que muchos jóvenes se entregan a los vicios. El uso de las drogas en Limón lo atribuyen a dos causas principales: la creencia de que da fuerzas al cuerpo para resistir
mejor el trabajo; la gana de escapar de los problemas. Y alegaron que el “lavado de cerebro” sufrido por los limonenses, los ha dividido.

Tenga o no tenga toda la rigurosidad científica que uno quisiera, la realidad es que así piensa el joven limonense. Ha asumido una posición crítica frente a su realidad histórica y cultural.

Costa Rica puede quedarse con los brazos cruzados y perderlo. Costa Rica puede incorporarlo, transformándose ella en el proceso.

 

fuente: Duncan, Quince, El negro en la Costa Rica de hoyRevista del CESLA [en linea] 2005, (Sin mes) : [Fecha de consulta: 28 de agosto de 2017] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=243320976024> ISSN 1641-4713

 

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