El maravilloso mundo del cine. Proyectando miedo!

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Roberto Mora, hermano de nuestro Jefe de Tropa 6 de los Boy Scouts, Macho Mora, trabajaba en el Cine Arelys. Era el proyeccionista del cine.  Roberto tenia una motocicleta honda de 70cc de color azul, luego abrió un taller de motocicletas allá por el antiguo Aserradero Peña y Saborío.

El en su torre de marfil, en lo alto de aquella torre con seis pequeñas ventanas de diferente tamaño que proyectaban los estrenos del mejor cine americano, eran presentados en este cine. Su dueño, en ese momento el Señor Carlos Rojas, de grata memoria.

Este cine, hecho de madera y cemento, con un confitería al frente que era una simple urna, llena de confites y golosinas de todo tipo, la boletería, cubierta con un vidrió y un circulo por donde interactuaba con el vendedor del tiquete y el guarda que fungía de recogedor de esos tiquetes de entrada, y custodiaba la entrada, con un cortina de material de tela pesado de color carmesí y luego otra segunda cortina, para que al abrir la primera, la luz no interrumpiera a los que estaban ya adentro de la sala. Algunos disfrutando la cinta y otros disfrutando de un “aprete” o copandose como se decía en ese tiempo.

En la última tanta la de las 8 y media de la noche, el guarda se iba como a las nueve de la noche, lo que era aprovechado por muy pocos para entrar al cine, sin pagar, recuerdo entre ellos Danilo Salas, Marvin Perilla,  y no se cuantos más. Se que Popo Mora no lo hacía pues su hermano Lalo vendía las golosinas por algún tiempo.

Corría el año 1973, yo tenía escasos 14 años. Ya me había aventurado, por la amistad con Roberto a subir a ese mundo mágico de la otrora proyección de cintas. Las películas venían en varios rollos, dependiendo de lo largo de la cinta podrían ser al menos seis o hasta diez rollos.

Venían en un saco de dura lona, vía MUSOC, y en la torre o cuarto de proyección había dos máquinas de proyección, que producían la intensa luz, por medio de diodos, similar a las varillas de soldadura, que había que cambiar, la máquina avisaba por medio de un campana, cuando ya casi terminaba el rollo, que duraba como 15 minutos, y entonces ya tenia el rollo de la secuencia listo y cargado en la segunda máquina, tenías que estar atento a la pantalla.

En la esquina superior derecha iba a aparecer un punto blanco y en segundos aparecería otro punto blanco que era donde hacías el cambio, arrancando la segunda máquina. Esto debía de ser hecho sincronizadamente, para evitar chiflidos y las quejas de los que veían la cinta. Y Dios guarde se reventara, cosa que pasaba seguido, había que resolver rápido.

Una vez hecho el cambio, debías llevar el rollo ya proyectado a una máquina casera para reboninarlo para atrás para que el rollo quedara listo para la segunda tanda, y además así debías enviarla la película de vuelta. Así que ahí debías pegar la cinta donde se reventaba y luego terminar el rebobinado.

Había que ser rápido, en el Cine Arelys era función de un hombre. Roberto era diestro en esto y yo como llegaba a matar la noche con tal de ver la película, sin que mediara pago, fui aprendiendo la labor.

Un día llego las vacaciones de Roberto, irían al Cerro Chirripó, junto a Marcial Garbanzo, que tenía una honda 70cc tambien, y ellos entre otros que le acompañaron a la cima del cerro, llevaron una de las motocicletas hasta la cima, convirtiéndose en los primeros en llevar una motocicleta donde nadie lo había hecho antes.

No estoy seguro quienes más fueron en el viaje, creo, si recuerdo bien y claro con la aclaración a la historia que hizo mi amigo Popo Mora, también subió ahí Manuel Ceciliano conocido Chayota, Neto “el inolvidable” Mora, Jorge Navarro, y un primo de Chayota. Gerardo Monge conocido como Vaquero que era uno de los guardaparques, claro esta información me la dió Popo, el no se colaba en el cine pues el tambien le ayudaba a Roberto en el Cine y a su hermano Lalo a vender golosinas.  Yo la cuento como me acuerdo.

Roberto me preguntó que si esa semana, yo podría manejar la proyección de las películas solo. Me dijo yo se que usted puede. De lunes a Viernes son dos tandas. El sábado 3 y el domingo 4 tandas. Yo me anime a tomar el reto, y se hablo con Don Carlos Rojas, quien accedió a la solicitud de Roberto.

Lo que nunca supe es si Roberto tenía información que de casualidad, la semana que se iba de vacaciones, se proyectaba EL EXORCISTA, la película más aterradora hasta esa fecha. Y se exhibió por dos semanas en el CINE ARELYS.

En el cuarto de proyección estaban todos los interruptores de luz, una vez que se debía cerrar y me tocaba a mi persona, todo quedaba a oscuras una vez que apagabas y bajabas por una angosta escalera de madera, donde se encontraba el orinal, pero por estar en una esquina era muy apetecido por las parejas, no se porque.

Esta película el Exorcista gano varios oscar por su calidad, los sonidos eran de asustarse y cuando sumabas las imágenes, pues de causaba miedo y pánico.

Como se debía estar pendiente a las señales de punto blanco que mencione antes, para hacer el cambio de rollo, pues calcule usted cuantos día tuve que ver esa cinta en particular.

La primer noche, no tuve el valor de apagar las luces, estaba lleno de miedo y no había nadie más, asi que deje todas las luces encendidas.

Al día siguiente cuando regrese, me dijo mi Padre, vino  a buscarlo Carlos Rojas, estaba molesto porque usted dejó todas las luces encendidas. No tuve el valor de decirle que tenía mucho miedo, y comente: De verdad? Que torta, cómo pude olvidarme?  Y me mando a hablar con Don Carlos y disculparme.

Claro que Carlos me llamó la atención y me dijo, que no le vuelva a pasar! No hay problema le dije!

Pero claro que había problema, mi segundo día de proyección “se me olvido” nuevamente. La misma historia, Carlos me fue a buscar, mi padre, me llamó la atención y la promesa que no iba a suceder de nuevo.

Vino el tercer día, que iba hacer me atormentaba, casi tanto como el tener que ver aquella película que me daba pavor. Cuando de pronto, casi al final de la segunda tanta. Escuche pasos subiendo por la escalera de madera que crujía, alguien tocaba a la puerta suavemente, yo me asuste, no era normal, nadie subía!

El toque se fue haciendo más fuerte, mi corazón latía, y cuando tuve el valor de abrir, la puerta, era mi padre, que me decía, vine a acompañarle para que no se lo olvide apagar las luces!

Por el resto de los días vino cada noche a llevarme a casa, nunca dijo que él sabía que me daba miedo. Pero aún hoy agradezco su apoyo y siento su presencia.