Brunkak y Anulka, una historia de amor no tan lejana – CAPITULO 3

COMPARTE ESTO CON TUS AMIGOS!

 

Rápidamente y como era de esperarse Guayabi lleno la vida de Brunkak y Anulka de sonrisas. Su hijo fue creciendo fuerte y sano. Tenía una mirada inquisidora y voz de mando, era un líder nato.

Brunkak alisto sus mejores cuchillos de cornamenta de venado, con una pieza de piedra tipo pizarra, que se quebraba fácilmente, pero que era tan filoso como un bisturí. Además su arco y flechas, hechas de mata de pejiballe, flexible y fuerte, con plumas de tucan, que eran rampantes en el aire y con su cabezas de la piedra tipo pizarra, podía cortar en gran manera la carne de la presa que cazaban.

En este viaje de caza, llevaría por primera vez a Guayabi, que alcanzaba una edad, donde ya debería aprender todos estos menesteres.

Caminaron con dirección a las altas montañas que divisaban desde el valle en que vivían, lo hacían siguiente el sendero marcado por los riachuelos de aguas frescas que bajaban de la alta montaña. Además la pesca era abundante en las pozas que aparecían en los recovecos de los mismos.

El quería ir por una caza mayor, el quería que la primer expedición de casa de su hijo Guayabi, fuera un presa grande, un nai, era lo que quería cazar, una danta, les daría bastante carne ahumada y además quería explorar las alturas, pues siempre en su mente temía que la tribu de Anulka, les encontraran y los justiciaran con su vida. Este era uno de sus mayores temores.

Encontraron al segundo día de camino, trillos como caminos en el denso bosque, la seña indiscutible que por ahí pasaban y caminaban las dantas o nai en su lengua. Además el aroma y los excrementos les confirmaba su hallazgo. Sería la primera vez que Guayabi, vería un animal de estos, pues aunque oía de ellos y hasta los había comido nunca los había visto con vida.

Siguieron sigilosamente por uno de los trillos, hechos en la vegetación en la cual el instinto le indicaba que era el mas fresco.  Escucharon un ruido, tuvieron que hacer un movimiento un cambio de ruta, pues el viento avisaría a los animales que ellos venían, al llevar su aroma a gran distancia. Efectivamente era la presencia de dantas. Era una joven danta con su primer retoño, por su tamaño era obvio.

De pronto el animal los detecto y empezó a correr por la densa vegetación quebrando arbustos y pasto, a su paso, cual poderoso tractor, y su cría corría junto a ella. Brunkak y Guayabi, corrían detrás del animal, esperando la oportunidad de interceptarlo y darle caza, por lo menos eso es lo que Guayabi, pensaba.

Cuando llegaron al fondo de un cañón, no había salida, podían tomar ambos animales, sin embargo Brunkak calmo la ansía de Guayabi y le dijo, no vamos a matar a una madre y su hijo, esperaremos que aparezca un macho.

Es lo correcto, de esta forma siempre tendremos danta, por generaciones.   Pasaron los minutos, luego un par de horas, los animales acorralados, no podían irse, sin embargo, escucharon el paso rápido de otro que se acercaba era efectivamente un macho danta y a este la lanzas del dúo padre hijo, le acertaron en su cuello, cortando la arteria aorta, llegando la rápida muerte al gran animal.

La certera flecha fue disparada por Guayabi, quien con el paso del tiempo aún mejoro su destreza de cazador, bajo la tutela de su padre. Quien además lo lleno de conocimiento sobre las plantas y sus usos en esa zona en la cual crecía.

En ese proceso, ellos encontraron un lugar, una terraza, con una vista increíble al valle, llena de alimentos, pescados y caza, que proveería de manera eficiente y además les daría una seguridad deseada por cualquier militar para establecer su base.

Así fue como encontraron el lugar que llamaron el Cañón de Nai, donde se establecieron Brunkak, Anulka, Guayabi y dos hermanas que ya habían arribado a la familia que crecía.

 

 

LEA CAPITULO UNO AQUI: http://canton19.com/index.php/2017/08/23/brunkak-y-anulka-una-historia-de-amor-no-tan-lejana-capitulo-1/

LEA CAPITULO DOS AQUI: http://canton19.com/index.php/2017/08/29/brunkak-y-anulka-una-historia-de-amor-no-tan-lejana-capitulo-2/