La Compra del Yoyo

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Hoy tenemos el agrado de publicar a un autor invitado. Que ha decidido compartir con nosotros una linda historia de su infancia. Se trata del Prof. José Luis Matamoros Barrientos

La compra del yoyo (1)

Corría el año 1970 en mi querido San Isidro de El General, ese día andaba por la mañana dando una vuelta por el parque, de pronto vi a unos compas de la escuela jugando con un yoyo, eran los más lindos que había visto, y además eran de marca Coca Cola, me les acerqué y les pregunté dónde lo habían comprado, me contestaron

“los venden en Bahía”

Tome, a paso firme, y con mi corazón latiendo fuertemente a encontrarme con la respuestas que buscaba, me fui a Bahía, a los 100 metros del parque, camino al estadio, pregunté el costo y me contestaron

“5 colones los de Coca Cola o Fanta, y 25 céntimos cada cuerda de repuesto”.

 

Me puse hacer cálculo, y mi deseo tenía que enfrentar una realidad, una pregunta que me atormentaba: ¿de dónde iba  a coger yo 5 colones para el yoyo y 50 céntimos más para un par de cuerdas de repuesto?

Así pasó el fin de semana, llegó el lunes, mi mamá me llamó y me dijo

“José Luis, tome esta lista, va al mercado y me hace esas compras”.

Tomé la lista y me encaminé por el mercado, caminando a paso firme y con aquella pregunta en mi pecho, baje por la calle donde vivían los Quirós, bajando por la cuesta de Melles, de camino se me llegaron las ideas, claro, si compro un poquito menos de las cosas de la lista puedo ir ahorrando cada vez que mi mama me envié al mercado. Una gran sonrisa de satisfacción se dibujo en mi rostro, había encontrado la forma de lograr mi cometido.

Así fue, llegué al mercado, si mi mama decía “un libra de tomate, yo compraba como dicen “tres cuartos”. Fui primero donde doña Alba, la mamá de los Cordero del barrio el Prado y apliqué el método, luego donde doña Lía, también practiqué lo mismo en la carnicería de Milton Mena y  en la de don Jaime Mora.

Después de 15 días de ir al mercado, sumé las famosas recortas y mi gozo fue grande cuando el total era  6 colones.

 

Me fui a Bahía y compré el yoyo y las cuerdas, venía de camino para mi casa, en el Barrio Boston, ahora llamado calle 1, de camino me puse a pensar, ¿cómo voy a llegar a la casa con un yoyo nuevo?, me van a decir que de dónde lo cogí, de pronto otra vez se me iluminó la mente, claro, no tenía que parecer nuevo, en esa época las calles eran de lastre, tomé un poco de barro y se lo pasé por encima y así me fui para mi casa. Era un plan infalible, pensé. 

Llegué a mi casa. espere el momento oportuno, necesitaba hacer creíble mi cuartada, y necesitaba que mi madre se involucrara, disimuladamente me puse a lavar el yoyo en aquella gran pila, cerca de donde estaba mi mamá, ella me miró a esquina de ojo, lo que yo hacía, pense, bueno ya lo vió sucio ahora si, perfecto, todo sale de acuerdo al plan, al rato me volvió a ver y me dijo:

“José Luis y ese yoyo de dónde lo cogió”,

le conté la historia, que ya había practicado en mi mente, como mil veces, me lo había encontrado botado en la calle, ella tomó el yoyo y se desenrolló, oh oh, mi mamá se quedó viendo el yoyo y la cuerda,  y me dijo:

“que extraño el yoyo está todo sucio pero la cuerda está nueva”,

ahí mismo agarró una faja y me dio una buena fajeada, después de la aporreada me dijo

“usted cree que yo soy tonta, cree que no me he dado cuenta que compra menos productos cuando lo mando al mercado”.

Qué vida con las madres que todo lo saben, bueno, después de la aporreada lo único que pensé fue: qué lástima haber ensuciado el yoyo, tan lindo que se veía nuevo.

Meses después, un domingo como a la 10 de la mañana, en la acera del parque que está frente al Chirripó, llegó el carro de la Coca Cola a realizar un torneo de yoyo, era una gran plataforma toda decorada acorde, participamos varios, había que hacer tres pruebas de clasificación: 1) el dormilón, 2) paseando el perrito y 3) brincando la cerca. Clasificamos 6, y vino la final, la prueba era “vueltas y vueltas”, ganaba el que lograra un mayor número de vueltas antes de perder el dominio del yoyo.

Luis García “Malaria” quedó de primero, yo quedé de segundo y el finado Tomás Castillo “chalupa”, de tercero.

En medio de las pruebas, vi que mi mamá estaba entre los que observan el concurso, me preocupé, ahorita es capaz de que mi mamá me pega una gran regañada por andar metido en esto sin permiso.

Entonces los de la Coca Cola, sacaron tres grandes trofeos y varios productos, nos subieron al cajón del carro de la Coca y nos premiaron. Al bajar, me recibió mi querida madre, entre grandes abrazos, besos y felicitaciones.

Tomó el trofeo y cuando llegamos a la casa lo colocó en el mueble de la sala toda orgullosa. Claro nunca me dijo nada de la gran garroteada que me dio por el bendito yoyo, así eran las madres de antes.

Prof. José Luis Matamoros Barrientos

 

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  1. Cuca Coto