UN ANGEL DE LA GUARDA

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Preámbulo: Otro de mis amigos de infancia  quien aun siendo mayor, siempre estuvo ahí, a lo largo, casi a escondidas, con su mirada protectora, mientras trabajaba en un local de manufactura cerca de casa. Hace algún tiempo me envió esta historia, de hecho ya la habíamos publicado, y hoy he decidido compartirla con ustedes, por su valor histórico y al considerarla de alta importancia, para el pueblo de San Isidro, cuando nuestras calles eran de polvo y barro colorado, cuando todos eramos familia. Rigoberto Vargas

 

UN ÁNGEL DE LA GUARDA

VICTOR MANUEL FLORES AGUILAR

Mirando a travez del ventanal de mi casa, puedo observar un precioso y soleado día acompañado de una fresca brisa. Esto me motivó a cumplir con un deseo que había postergado tiempo atrás, ir a dar un pequeño paseo por una de las fincas cafetaleras aledañas a mi casa, que me llamaba poderosamente mi atención. Tomando por la cadena a mi perro Fofo me encamine a cumplir con mi cometido.

Pasando por un inmenso portón construido con mucha sobriedad, inmediatamente se abre a mi vista una gran entrada, adornada en ambos lados con flores de buganvilia de muchos colores, los cafetos están recién floreados por lo que se puede percibir un olor muy agradable, los arboles lucen sus mejores galas con su preciosos follajes de varios colores, típico en esta estación de verano, al fondo se puede observar el gran cerro Zurquí pintado de un color rosado claro, por las constantes erupciones del volcán Turrialba .

Posiblemente por estar rodeado de tanta naturaleza o por la belleza del lugar, fui totalmente invadido por la nostalgia, mi recuerdo me había transportado a los años vividos en mi pequeño pueblo, cuando apenas era un pequeño niño de escasos ocho años.

Si aquella pequeña Comarca en formación, asentada en las mismas raíces de varios cerros que conforman la gran cordillera de Talamanca, arrogándose estos ser los únicos testigos mudos de todo lo que allí sucede. Si el pequeño pueblito de bellas y hermosas doncellas bajando de todos los montes que conforman nuestra hermosa campiña, sí la tierra de hombres y mujeres de buena voluntad, que confiaron en este valle bendecido por la mano divina de Dios, todas sus esperanzas, y así poder sacar sus familias adelante. Y yo, no por escogencia sino por regalo divino del creador, la tierra que me vio nacer. EL GRAN VALLE DEL GENERAL.

La mayoría de los habitantes de la Comarca, habían emigrado de la zona de los Santos, mis padres no fueron la excepción, Enamorándose de esta región, sabiamente decidieron establecerse definitivamente, en el fértil y bondadoso valle.

Para eso mi padre construyo una pequeña y humilde casita camino a Pedregoso. Mi familia de una condición muy humilde, de modesto vivir, digo esto ya que nuestras carencias y necesidades de tipo económico o material, eran bien compensadas, por la unión de mis hermanos, el amor incondicional de mis padres, y la gran alfombra verde que nos rodea, esperando por nosotros para vivir una y mil aventuras.

Sinceramente esto me bastaba para ser un niño extremadamente feliz.

Yo el cuarto de ocho hermanos, únicamente por mi edad estaba en total desventaja con respecto a los demás, esto me hacía acreedor a la mayor parte de los mandados de la casa.

Precisamente en este momento estoy escuchando a mi padre llamarme por mi sobrenombre y esto es sinónimo de, levantarme para ir a la pulpería a traer el pan para el desayuno. Aunque es un poco temprano no me importa, ya que últimamente me estaba topando a un extraño y tenebroso personaje nuevo en el barrio, y en verdad me había robado totalmente mi tranquilidad.

De lento caminar, luciendo ropa muy vieja y sucia, sus brazos delataban una gran fuerza física, su cara lucia una blanca palidez, impregnada de infinidad de negros y sobresaliente clavillos, además de sus pronunciadas ojeras. En verdad que el hombre se veía un poco enfermo y bastante desagradable.

Esta vez no me lo tope, sino que él paso frente a la pulpería, yo aprovechando que se encontraba en el lugar “Cachazas” un maestro de mi escuela, le pregunte por aquel extraño personaje en el barrio. Posiblemente él notando el miedo que sentía por aquella persona, se aprovecho de mi inocencia y me contesto.

¿Usted no conoce a esa persona?

Sinceramente nunca lo he visto ¿Quién es él?

Mira parece que él es una persona muy mala, dicen en el pueblo que es un ladrón, drogadicto, y hasta asesino, especialmente de niños.

¿Y cómo conociendo que él es así, no está encerrado en una cárcel?

Al parecer tiene un pacto con el diablo, y todavía no le han podido dar su merecido, pero tarde o temprano ese día llegará.

¿Y en donde vive?

Vive en el Barrio San Vicente, dicen las malas lenguas que se entendió con Irene la hija menor de Doña Eloísa.

Al oír lo que me comentaba “Cachazas” mi tranquilidad pasaba a un segundo plano, fue enteramente sustituida por el miedo, el pánico y el terror. Sintiéndome en este estado, le cuestionaba a mi Dios, como es posible que una persona de esa calaña, tuviera los pies puestos en esta tierra.

Para mi fortuna esa misma noche mi madre, al calor y la luz de una canfinera, nos reunía para comunicarnos que mis dos hermanas y yo, nos iríamos una semana para donde los Saborío, familia muy influyente en toda la zona.

 

Esto porque ella tenía que viajar a la capital, para cumplir con una cita médica, y así detectar un mal que le aquejaba desde hace ya mucho tiempo.

Efectivamente al día siguiente mi madre nos fue a dejar donde tan generosa familia, no sin antes advertirnos que para justificar nuestra estadía en esta casa, debíamos colaborar con los distintos quehaceres que nos asignaran.

Aunque estuvimos bastante ocupados, la semana se nos había hecho eterna, pero al fin era sábado, y mi hermana mayor y yo nos alistábamos para nuestro ansiado regreso a casa, para abrasar y besar a nuestra madre.

Estando ya en camino, habíamos llegado a lo que llamábamos nosotros el altillo, desde allí se podía observar totalmente nuestra humilde casa, y se veía mucho movimiento.

Mira hermana al parecer nuestra madre ya llego.

Si hay mucha gente al frente de nuestra casa

Si, si corramos posiblemente nos trajo las manzanitas dulces que tanto nos gustan

Tomando de la mano a mi hermana Dafne aceleramos el paso, inmediatamente vimos que de la gente que se movilizaba al frente de nuestra casa, salió en carrera “Papillo” un vecinito y amigo de mucho tiempo. Al encontrarnos lo único que pronunció fue. Su Mamá se murió.

Al oír las palabras que estaba diciendo aquel pequeño niño, sentí que se me desgarraba totalmente mi corazón, me descontrole, no sabía qué hacer, empecé a correr con mis dos brazos levantados al frente como tratando de impedirle al mismo Dios, que no ejecutara su condena, suplicándole que no ejecutara su condena, pero entre más me acercaba a mi casa, la realidad era más evidente. Si mi madre había muerto, precisamente en este momento estoy observando el ataúd, en donde reposan los restos de mi amada madre.

Confundiéndome con la gente que entraba y salía de la casa, pase lentamente frente al féretro sin volver a ver, y escogiendo la esquina más oscura de nuestra humilde sala, me senté y poniendo mi cabeza entre mis dos piernas, me sumí en una gran tristeza, no podía creer que la persona más importante, la más amada, la persona que incondicionalmente estaba al tanto de todo lo que mis hermanos y yo necesitáramos, nos había dejados solos. Lloraba desconsoladamente repitiendo una y otra vez. ¿Qué será de nosotros? ¿Qué vamos a hacer? ¿Quién nos cuidará?

Al parecer el destino se ensañaba conmigo, las señoras de la vecindad que vinieron a mitigar la tragedia que estaba viviendo, tratando de solucionar un problema de tantos en que nos encontrábamos, estaban repartiendo a mis hermanos, entre distintas familias, y esto acrecentaba fuertemente mi dolor y mi tristeza.

Entre más pasaba el tiempo mi situación empeoraba, había entrado en un estado depresivo muy crítico, pensaba que ya nada tenía sentido, todo lo que qué de aquí en adelante sucediera no tendría la menor importancia, ni siquiera la vida misma, la verdad es que quería morir, creo que me estaba dando por vencido , seria todo para mí.

De pronto la esquina en que me encontraba se oscureció aun más, una gran figura posándose al frente fue la causante, inmediatamente sentándose a mi lado y dándome suaves palmaditas en mi espalda, y con una voz muy suave y llena de gran sentimiento me dijo.

Mira mi pequeño ya no llores más, por favor yo quiero que ya no llores más.

Te quiero contar algo que me acaba de suceder, viniendo hacía acá.

Dios me dijo, Dile a ese pequeño niñito, que no llore, que tuve que llamar a tu mamá para que le hiciera un trabajo, que solo ella lo podía realizar. Pero además me dijo que ella y él desde el mismo cielo, te estarán cuidando para el resto de tus días.

Al oír aquellas hermosas y sentimentales palabras de consuelo que me decía aquel señor, me tranquilicé, me había dado un respiro muy positivo en medio de la tragedia que estaba sufriendo. Y levantando mi cabeza para mirar quien tan tiernamente me consolaba, quede boquiabierto, no podía pronunciar palabra alguna, es increíble lo que tengo ante mis ojos, si estoy viendo a aquel señor mal vestido, de feo aspecto, el que me causaba tanto miedo y terror, el que me topaba todas las mañana cuando iba a traer el desayuno, si la misma persona que un día le cuestione a mi Dios, de porqué tenía sus pies puestos en esta tierra.
Si ese malvado y ruin ser, es el que en este momento me estado dando a conocer la gran ternura, que hay en su corazón, su sentimiento por el dolor ajeno, y aún llegado más lejos, lloraba intensamente haciendo mi dolor, su dolor.

La verdad que en el peor momento de mi vida se convirtió en un Ángel. Sí en mi Ángel de la guarda.

Levantándome con sus fuertes manos, se dirigió a una de las presentes indicándole que me diera un calmante, recuerdo que una señora me dio una pastilla y quede profundamente dormido.

De pronto ciento un fuerte tirón en mi mano, si es mi perro Fofo que posiblemente quería perseguir algún animalillo, y esto me trajo nuevamente a mi realidad.

Ahora que han pasado tantos años, y tengo un mejor poder de discernimiento, les puedo decir con total certeza que, ese día Dios quiso hablar conmigo, y me envió un ángel para decirme que, Él y mi madre desde el mismo cielo en donde ella se encuentra, me estarían cuidando por el resto de mis días en este mundo Sí, estoy debajo de este hermoso y frondoso árbol, sí, y nuevamente lloro desconsoladamente, y no me avergüenzo en decirlo, porque el hombre es aún más hombre cuando ha aprendido muy bien a saber llorar.

Víctor ML flores Aguilar