Mi bicicleta comprada a Manuel Mata Morales & Cia!

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Hace muchas navidades, más de las que quisiera acordarme, aunque cada una de ellas guarda una enorme felicidad en mi corazón.

Un día camino al Mercado, a la Carnicería de Fernando Padilla, que estaba junto a la Botica Santa Marta, me había mandado mi madre a comprar un bistec de un colón y 8 bistec de una peseta! Les dejo la tarea de saber la diferencia!

Ese día iba empujando un aro de bicicleta sin rayos, con un palo con un alambre al final como tipo de garfio, que era la guía para el aro. Había que correr  para que ese aro no se cayera y claro entonces hacías más rápido los mandados o te trasladabas de un lado a otro en menos tiempo.

Ese día iba corriendo y cuando pase frente a la Tienda La Elegancia de Manuel Mata Morales & Cía, la vi, en una vitrina en el segundo piso. Ahí estaba, era una maravilla, la más hermosa de las bicicletas, una inglesa marca Raleigh, de un color azul perlado, pase un rato contemplándola, el tiempo se detuvo y empece a imaginarme en ella, recorriendo las calles polvorientas de nuestra pueblo. Ya no tendría que ir donde los Cedeños a rentar una bicicleta.

Me apresure a terminar el mandado y me volví a casa, corrí a la oficina de mi padre, espere el momento y me dijo, que haces?, vamos conmigo a tomar un café al Jardín.

De nuevo pasamos frente a la Tienda de Manuel Mata y volví a ver la bicicleta, se la mostré a mi Padre y me dijo si esta linda. No me puso mucha atención en el asunto.

Llegamos al Jardín y ahí nos atendió Jacinto “Directamente” Gonzalez, yo recuerdo que pedí una crema deliciosa y acompañada con una cremita. Mi padre su media taza de café negro y un pastelillo de carne arreglado.

El me hablaba y yo ni sabía que me decía, yo seguía pensando en la bicicleta, de vuelta a la oficina, le mostré la bicicleta de nuevo, y aun así como que ignoro la cosa.

Esa noche no podía casi ni dormir, y me acorde de una historia, esa historia me la había contado mi papa, amigo de don Manuel Mata Morales, era para mi, en ese momento como un hombre con mucha suerte, tantas bicicletas en esa linda tienda, y la historia que mi padre me contó iba más o menos así, dice que Don Manuel Mata Morales llego de su pueblo San Ramón de Alajuela, a trabajar en el correo, que era una casita de madera, era el jefe, un día antes de iniciar la revolución había llegado al correo una valija del Banco Nacional que tenia una caja auxiliar, creo que así se llamaba, en San Isidro, entre el efectivo y otros valores, de un cuantioso certificado a plazo de don Juan Schroeder, Don Manuel la tenía lista para mandarla a San José, se dice que el total de valores y efectivo rondaba los 300 mil colones que al tipo de cambio de hoy serian un cachimbal de dinero, como estalló la revolución el no pudo mandarlo para San José.

Dicen que él, resguardo esa maleta, prácticamente con su vida y la enterró allá por General Viejo o Palmares en una finca, donde nadie sabía, lo más interesante es que el era mariachi y no liberacionista, dicen que cuando paso toda la gesta, al día siguiente el fue por la maleta y la envió, cumpliendo sus funciones de correo, para que el banco recibiera el dinero y los valores.

En el banco pensaban que todo eso se había perdido en la revolución, Don Manuel pudo ser deshonesto, dejarse esa gran cantidad de dinero, resolvería mucho de su futuro pensaría alguien, sin embargo cumplió su misión y devolvió lo que tenia en resguardo. Era un hombre íntegro. Hoy necesitamos gente así.

 

Por eso  luego le honraron . Luego él llego a trabajar en el Banco Nacional y pasado un tiempo abrió su tienda. Así que por esa historia era como un héroe para mi, un hombre de respeto.

Pero bueno volvamos a mi historia. Confronte a mi padre y le pedí que me comprara la bicicleta, me dijo no, pero usted puede comprársela, me dijo, ¿cómo? interpele.

Pues vea, asi esta la cosa, la bicicleta vale 500 colones, así que ese es el dinero que usted ocupa, yo le presto cincuenta colones en el patio esta un medio estañón con una parrilla, ahí hay un saco de carbón, su mama le adoba la carne que usted compra con el dinero del préstamo, y trae bambú de la finca o de algún lado y hace palillos y vende carne asada en las noches a la gente que pasa por la acera.

Bueno a mi me gusto la idea, ese mismo día por la tarde me fui a la entrada del Prado, ahí había bambú, lleve para la casa y pase gran parte del día y el día siguiente cortando el bambú para crear los palillos para la carne asada.

Y tres días después abrí el negocio, mi padre llegaba y me compraba siempre carne, yo contaba todos los días, y pasaron varios días para tener quinientos colones en la cajita de pino, que había servido para puros.

 

Un día llego el esperado, tenía los quinientos colones y no abrí la venta esa noche, mi padre me dijo yo quiero pinchos de carne, le dije no hay. ya tengo los quinientos colones. Me dijo no puede ser, déjeme ver, se sentó contó el dinero conmigo y me dijo efectivamente tiene los quinientos, bueno ahora, necesito los cincuenta que le preste, y se los hecho en la bolsa, luego me cobro, el saco de carbón, luego la mano de obra del adobo de la carne a mi madre, que de pasó nunca le dio el dinero a ella, y bueno ni modo, tuve que reiniciar el negocio de nuevo, hasta ajustar los quinientos colones de nuevo.

Esta vez, me fui con el dinero apenas lo completé y se los día personalmente a Don Manuel y le dije, esa azul es la mía.