¿Por que no votare? Aquí te lo explico!

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Si me preguntas por que no votaré, te lo diré!

RIGOBERTO VARGAS

Primero déjeme dejar claro que no soy apolítico, ni ignorante en los asuntos de la política y de partidos. Seguro estoy que con mi insistencia en escribir sobre el tema, argumentar con amigos y hasta desconocidos, de seguro herir amigos y a extraños, en dispustas que han sido magnas o pequeñeces, en ocasiones de acuerdo y muchas veces en desacuerdo pero a pesar de todo eso,  YO NO VOY A VOTAR EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

He escuchado y lo he dicho en contadas ocasiones  “Vota, aunque sea en blanco. Si no votas eludes el ejercicio de un derecho trascendental.”  “Insultas la herencia de nuestros padres” “Si no votas no tienes derecho  a hablar”

De los políticos que conozco unos cuantos demostraron su ineficacia, su corrupción, su hipocresía. Otros no han tenido la oportunidad de decepcionarme, pero tampoco me han demostrado nada en otro sentido positivo, lo que si todos demuestran es el calculado paso, las acciones tomadas son para el futuro, son para hacer crecer y afincar sus pretensiones de perpetuarse en el poder una vez que llegan. El tener una red, de cuido como lo llaman algunos, para aprovecharse del pueblo.

En todos los partidos hay personas sinceras y desconocidas, personas preparadas y preocupadas, convencidas de su talento para gestionar la voluntad ciudadana, dispuestas a dar su vida, su tiempo, su integridad.

Todas esas personas podrían ser votadas. Esas personas me piden mi voto, me piden mi voluntad. Pero lo piden para otro u otra que no es sincero en sus pretensiones. Si esos que trabajan, que mal llamados “pega banderas” fueran los que están a cargo, seria otra tonada.

Mi abstención no es un mensaje, no es una estrategia, no es una manifestación. Mi abstención es un estado mental. Así emprendo este texto ineficaz. No intento convencer a nadie. Nadie ha conseguido convencerme a mí del motivo de su abstención.

“MI ABSTENCIÓN NO ES UN MENSAJE, NO ES UNA ESTRATEGIA, NO ES UNA MANIFESTACIÓN. MI ABSTENCIÓN ES UN ESTADO MENTAL”

Este es un texto escrito desde la angustia y la incomodidad. Peor que la incomodidad con el sistema político o con la estupidez generalizada es la incomodidad con uno mismo. Del desencanto al nihilismo hay unas pocas neuronas muertas.

Por hacer gimnasia mental, hago bromas, que no distan de una cruda realidad: recuerda que debes depositar tu voto en la urna azul, ya que la amarilla es para latas y tetrabricks. Si eso es lo que parece, un reciclaje en nuestro voto, para que la misma élite nos gobierne aunque vestidos con diferentes camisetas y colores, pareciera que son una clase que viene desde el jardín de niños, pero que muchos costarricenses no fuimos a clases ese día y para satisfacer nosotros mismos el sentido del deber cumplido al acudir a las urnas. Pero no más.

Hay algo estrepitoso en el ruido que hace una papeleta al caer dentro de la urna. Es un sonido cuyo eco se prolonga en los despachos, en las sedes y las oficinas, llega a los parlamentos y se difunde por tubos de gas subterráneos y por los libros de leyes, aún se escucha ese estrépito de la papeleta caída en la urna en la discusión parlamentaria. Intuyo que cuando la urna se llena, otra cosa se ha vaciado.

La fe, la certeza de que algo bueno viene para el país, ahí queda desvanecido, una vez que arrojamos esa papeleta y que ahora no es una, sino te dan por decenas para que te confundas aun más y para facilitar alguno que otro chorreo de votos, y es que hay expertos en eso, siempre los hay, y sin consecuencias. Urna siempre suena a funeral.

Renunciar al voto concede el privilegio de la risa, pero es una risa muy triste.

¿Por qué no votar en blanco? También se traduce en algo el voto en blanco, representa algo, dice algo, suena a algo.

Eslóganes seductores: (de uso universal)

–La política corrompe a cualquiera.

–La mediocridad permite ascender en un partido.

–El voto de dos anormales vale el doble que el de un hombre razonable.

 

No votar es una satisfacción estéril. No es más que eso. Mi inexplicable satisfacción.

Y es que las campañas se han tornado en mercadotecnia, en vender una gaseosa, una lata, una ilusión, no hay reto, no hay promesas reales, sino slogans que pretenden llenar el vació espiritual del votante, con un promesa tan falsa, que aun a sabiendas que no se realizara, ni siquiera un intento, el votante, cual oveja al matadero, camina pensativo o con raudo paso y mucho ruido, a depositar en esa caja una papeleta que resume toda su ilusión y toda su esperanza de una nueva patria, con un nuevo amanecer, un nuevo futuro, que nunca llega.