UN PERDURABLE  15 DE MAYO

COMPARTE ESTO CON TUS AMIGOS!

UN PERDURABLE  15 DE MAYO, es otra obra de autoría de Victor Flores, quien nos deleita nuevamente con una breve historia de un San Isidro de El General, que vive fuerte en nuestros corazones y que crece cada día, con bendiciones en este Valle Bendito de Costa Rica.

VICTOR MANUEL FLORES AGUILAR

 

A inicios del año de 1951,  en La antigua comunidad de la quebrada de los chanchos, actualmente mejor designada como la floreciente comarca  de San Isidro del General. Por asuntos meramente religiosos, estaba de plácemes. El más influyente arzobispo de Costa Rica, el excelentísimo Monseñor Víctor Manuel Sanabria Martínez, consideró que la iglesia católica había dejado de lado, este trascendental territorio. Creyendo oportuno, enmendar de manera inmediata esta significativa equivocación. Estableció para su próxima gira, visitar el templo parroquial del pequeño y sureño poblado.

 

El primer domingo de febrero del  año en curso, el  presbítero Manuel Quirós acompañado de enaltecidos habitantes, asimismo por atronadoras y fulgurantes bombetas anunciaban el esperado arribo del ilustre personaje. La multitud pretendiendo saludarlo a un mismo tiempo, crearon un pequeño desorden, el cual rápidamente fue controlado, no figurando más que un pequeño incidente.

 

 

Permaneciendo estrechamente apiñados dentro del templo, la infinidad de devotos no querían desaprovechar el solemne acontecimiento. Por lo cual llenaron  por completo las instalaciones de la reducida iglesia. El presbítero Quirós, observando los eventos y queriendo  prevenir el amenazador desconcierto que se veía venir. Repentino, le planteó a Monseñor Sanabria.

-Su excelencia- -Le dijo- “creó oportuno realizar la homilía fuera de la parroquia. Igualmente, los creyentes podrán participar más cómodos escuchando en las afueras de la misma”.

-Me parece una magnífica idea, padre Quirós.  Realicemos la misa al costado de la capilla.   – Manifestó Monseñor su aprobación –

Al lado del  pequeño santuario, protegidos por la sombra de un viejo árbol de naranja. Monseñor Sanabria, secaba su empapado rostro con un pequeño pañuelo que un monaguillo cortésmente le facilitó. Intensamente deslumbrado, no perdía de vista la muchedumbre que participaba espontáneamente en las ceremonias. Queriendo comunicar su pensamiento, le comento al sacerdote Quirós. ¡Padre Quirós!  He notado con suma complacencia el revelador desarrollo que han logrado en la zona. Así mismo, el engrandecimiento de los practicantes de nuestra religión  ¡Acuérdese de mí! –Le dijo-  En corto tiempo y antes de lo que te puedas imaginar, este territorio será una Diócesis. -La Diócesis de San Isidro del General- Y desde el mismísimo cielo en donde posiblemente estaré, me sonreiré y en espíritu surgiré para celebrar con todas las vecindades, el consagrado momento junto a este bendecido pueblo de Dios. De esta manera, Monseñor Sanabria profetizaba su muerte, igualmente decretaba la inminente conformación de la cede eclesiástica en el  sureño territorio.

Dos años después,  estando fallecido Monseñor Sanabria su Santidad Pio XII proclamó la bula: -Neminem Fugit- Creando de esta manera la diócesis de San Isidro, recayendo su oportuno patronazgo  en honor a San Isidro Labrador.

Hoy domingo 22 de Octubre de 1954, es fecha memorial para todos los Generaleros de corazón.  Está siendo preconizado como primer obispo, Monseñor Delfín Quesada. Oriundo de Poas de Alajuela, aunque su mayor participación religiosa la realizó en la provincia de Puntarenas, igualmente San Isidro lo recibió con los brazos abiertos, por conocer los dogmas y virtudes del ilustrísimo prelado de la iglesia católica. Ahora, designado obispo en la diócesis del valle del General. Al tomar posesión de su cargo, Monseñor Quesada encontró que el templo estaba desmantelado. Su antecesor inauguro los necesarios trabajos de remodelación, careciendo de lo más elemental como lo es el altar mayor.  Por esta razón junto a su más cercano colaborador el padre Coto, establecieron como importante objetivo de inmediata ejecución. La edificación de una nueva parroquia para la recién conformada sede clerical.

Pasados doce años que Monseñor Quesada ascendió a su cargo. Precisamente  hoy 15 de mayo. “Juancho” permanece en frente del atrio de la casi concluida y moderna catedral de San Isidro. Está sumamente atento del arribo de su eminencia y solicitarle, que proceda inmediatamente con el bautizó de su perro “Triquitraque” es un pequeño “saguate” que su hermano “Mantequilla” se encontró en el centro del pueblo y encariñándose con el perruno quiso llevarlo a su casa. Y “Juancho” lo adopto, como una de sus más significativas mascotas. Igualmente “Juanchito” tenía en sus manos a “misingo” un gato cimarrón que llegó a su casa procedente de la montaña. O seguramente, se le escapó a algún vecino  siéndole completamente imposible indagar quién era su verdadero dueño.

Una vez concluida la misa de 8: A.M, “Juancho” observo a Monseñor acompañado de su inseparable discípulo el padre Coto. Felices, salían del oratorio dialogando efusivamente. De inmediato y jalando fuertemente a “Triquitraque” ya que lo tenía amarrado con un delgado mecate,  decididamente se dirigió a su encuentro. Tenía forzosamente que bautizarlos –Repasaba- su madre siempre le comentó que todo ser vivo que no se bauticé, jamás conocería el reino de los cielos. Y no queriendo que eso les sucediera a sus inseparables e indefensos animalitos. “Juancho” se propuso cumplir cabalmente con su obligación, no dejar pasar por alto que sus animalitos no ingresarán al reino del cielo. Aunque no lucia bien presentado, porque tuvo que corretear a “Misingo” por las enlodadas calles del pueblo. El gran estruendo originado por los petardos explotados, ocasionó que se espantara atolondradamente, obligándole tener que rebuscarlo apresuradamente entre la apiñada gente. Causando que sus descubiertos pies, al instante estuvieran considerablemente sucios. Aun así. ”Juancho” jamás renunció a la idea de bautizar a sus dos queridas, pero pestilentes   mascotas.

-Hola pequeño, Me supongo que  estas bien portado ¿de seguro fuisteis a misa? –Le preguntaba sonriente Monseñor Quesada-  con su poderosa voz.

-Su señoría, sinceramente escuché la ofrenda desde el atrio.  Me dio mucha pena, ingresar  con “Triqui” y “Misingo” ¡Y esto que todavía no has visto mis embarrialadas patas!  -Le decía “Juancho” Respondiéndole a su pregunta, Si, creo estar bien comportado Monseñor. –Le respondió-

Con su inconfundible y grave voz, acompañada de su inseparable sonrisa. Monseñor lo invitaba  para que acudiera a  bendecir  sus dos mascotas.

-¡Pero su alteza! No vengo a consagrarlos, acudo solamente a bautizarlos –Respondió enfático “Juancho”

-¡A ofrendarlos!  Se decía en forma incrédula Monseñor,  Pequeñín y ¿Cómo quieres llamarlos? Preguntó aún más sorprendido, Monseñor Quesada.

-Bueno su señoría, quiero  presentarle a mi fiel perro “Triquitraque” y mi manchado gato “Misingo” –Inocentemente le dijo-

Y monseñor virándose en donde se encontraba el monaguillo que cargaba el acetre colmado con el agua bendita. Introduciéndolo, posteriormente les empapo completamente  a los tres – Expresando al mismo tiempo-  “Con toda potestad  por la autoridad  que  me confiere el altísimo,  les hago llamar  “Triquitraque y Misingo”  amen. Hondamente complacido, miraba de reojo a su inherente amigo el padre Coto, que gesticulando con su cabeza posiblemente meditaba. -“Que paciencia la del  obispo –  Hasta  para esos asuntos se facilita-”

Para la época, el  distinguido dúo sacerdotal  poseía la  confianza y cariño de todas las familias de San Isidro. Con mayor libertad  solicitaban a los lugareños, crear en las segundas semanas del mes de mayo grandes ferias para recaudar fondos. Que ayudaran a financiar su gigantesca obra, la construcción del  nuevo y lucido templo parroquial. Consientes los vecinos, de la apremiante necesidad de poseer un cómodo y moderno oratorio, respondieron en forma positiva adoptando la  idea de edificar el nuevo santuario, como su principal proyecto a realizar.  Por lo sucesivo, para la fecha era común observar  en el centro del pueblo,  una inmensa feria instaurada en frente de la inconclusa catedral concurrida en  mayor parte por miembros de la comunidad.

“Juancho” logrado su objetivo de nombrar a mis mascotas, más tranquilo, se dirigió a observar una de las actividades que generaban importantes ingresos para el necesario financiamiento de la construcción. Es un pintoresco desfile de la comunidad que  haciéndose acompañar de sus más apreciados animales, quieren afanosos bendecirlos. No escatimando por eso tener que  desprenderse de algunos colones, para lograr  cooperar con la noble causa establecida por la orden sacerdotal de la comunidad.

El constante traqueteo de los ejes de las carretas, ocasionado por el perenne roce de los aros de metal sobre el empedrado suelo de la calzada. Son señales indiscutibles que el desfile comenzó. Es asombroso observar cantidad de personas de  los lugares más recónditos de la región, desfilar con distintas razas de animales domésticos, luego verlos generosamente depositar  en  los canastos  de mimbre sobrepuestos sobre el suelo, sus regalías o pagos simbólicos por el servicio ofrecido por los excelentísimos prelados. Esta vez  “Juancho” pudo observar, perros, gatos, gallinas, pavos, gansos, entre otros,  pero los más sobresalientes,  eran los pintorescos caballos, burros, cabras y novillos, que generalmente son donados a la iglesia para que los sacerdotes procedan con su correspondiente comercialización. Pero…- Repasaba “Juancho”- Si se descuidan los sacerdotes, alguno podría pasar sin saber  a mi propio peculio. ¡Hay “Juanchito”! ¿Cuándo será que te vas a componer? ¡Deja de sustraer animales!

Concluido el paso de los interesados en bendecir sus animales, teniendo sobre sus oídos el “traqueteo” de la infinidad de carretas. “Juancho” terminaba de enterarse que acababan de sobrevenir las pompas. Las múltiples galeras debidamente adornadas de vistosos colores y, dentro de ellas cómodamente sentadas se lograban distinguir bellas jovencitas bien peripuestas, que luciendo lindos ropajes alusivos a nuestro Folclor, no pudiendo faltar una flor asida sobre su cabeza, como para exagerar aún más su incomparable belleza. Sin duda alguna,  todos los detalles son una exclusiva estampa para ser admirada por  todos los exaltados presentes. Y porque no, por el enamorado de Juan Ernesto, que también para eso se prestaba sobradamente. Pero, lo que más le llamaba  su atención es la forma  original  de engalanar las yuntas de bueyes. Luciendo coloridos y labrados aparejos  y en sus alargadas cornamentas, se pueden distinguir billetes de alta denominación. Para, cuando franqueen  el sitio en donde se encuentran Monseñor y el padre Coto, estirando forzosamente sus manos los tomaban por ser ofrendas designadas, para los buenos propósitos canónicos. Y “Juanchito” ya había  estirado varias  veces las suyas, pretendiendo calcular su alcance. Cuidadito, si esos billetillos, escojan un mejor camino. Y  reiteradamente se tocaba las bolsas de su pantalón. Concluido el paso de las soberbias carrozas más atrás, se observan algunos jinetes que adiestrando sus briosos caballos, acicalados de manera increíble. Alardean de sus mejores poses al el momento de montar sus  enormes bestias.

Como era inminente la culminación del desfile. “Juancho” resolvió ir a comprar un churo, la manzana escarchada no la degustó porque el poco dinero que disponía, lo donó a la causa de la edificación de la Iglesia. Con el delicioso churro en mis manos, jalando incómodamente a sus mascotas se dispuso dar un único recorrido, por las instalaciones de la feria. Pasando al frente del cine Paulina apreció entre otros y cómo siempre alardeando de fortachón “Calayo” Queriendo impresionar a algunas damas presentes exageraba sus apariencias. Continuando engullido en medio del gentío, acompañado de inusitados ruidos, producidos por los insistentes vendedores de números. Del constante golpeteo ocasionado por las argollas, que fuertemente chocaban contra las expuestas botellas. Secundado por la insistencia de algún muchachillo que pasado de copas, solicita una moneda a todo aquel transeúnte que se topará ¡según él!  Para cooperar con la causa de la nueva iglesia. Entre sabrosos olores de comidas deliciosamente preparadas, de un empujón a otro. “Juancho” logró alcanzar  el puesto de la “brujita” Esta vez y como era lo usual la coordinaba  Don Raúl Bermúdez, el célebre propietario de la mejor caballeriza de toda la comarca.  Destacado por el pueblo como “Pajarón” Generalmente, él escogía participar en este sector de la feria  por considerarse el más indicado en tararear eficientemente los números favorecidos. Es frecuente escucharlo cantarlos de manera inusual, causando sensación entre los concurrentes. Otro aspecto a ser valorado –Según él-  Es su extraordinaria inteligencia, es más fácil pellizcar un vidrio o que un chino de propina a que se le logré engañar –Según palabras textuales-  Por lo tanto se le puede ver confiado y seguro desempeñándose en su espacio preferido de acción, la brujita.

“Juancho” acercándome más pudo observar que la tribuna está repleta, tal parece que los visitantes tienen marcada preferencia por este sector de la feria, cuando de comprobar su suerte se trata. O probablemente los cautive, la calidad de estímulos ofrecidos. Cabalmente observaba en primer plano entre los exclusivos premios a rifar, un suculento pavo relleno aderezado con una jugosa y deliciosa salsa de tomate. Teniendo a todos con la “boca hecha agua”. Mirando de reojo a su derecha, pudo distinguir entre el tumulto a su hermano mayor  “flaco” Acompañado de sus más exclusivos amigos, entre ellos; “Tacaco, Carlos cachimba, Nicho el  renco y su hermano “Gapo”. Acercándose por completo, “Juancho” se terminó por  enterarse que recurrieron  a una colecta de dinero para comprar ¡tan siguiera! un número y ganarse la recompensa más deseada del día, la suculenta y enorme ave rellena.

Después de una cansada espera, al fin “Pajaron” anunciaba  el turno del ambicionado “chompipe” Y procediendo al instante con la venta de los apreciados números. Tratándose del exclusivo premio y siendo el más esperado por el grupo de camaradas de su hermano, insistentemente “Tacaco”  apresuraba a “Flaco” para que se dirigiera rápidamente a comprar el anhelado número de la suerte.

Regresándose “Flaco” con el numero en sus manos se notaba indiferente.

-¿Qué pasa Alexis, porqué esa cara?- Preguntó Nicho el renco-

-Si “Flaco” pareces un mono con un banano plástico. Le decía Tacaco, tratando de comprobar los gestos aparecidos en su rostro.

-Es que me vendieron un número que nunca sale favorecido.-Respondió displicente el zapatero remendón del pueblo,  mejor conocido como Flaco.

-Amigo, ¡no seas negativo! Sabes bien que todos tienen posibilidades de salir. ¡A ver! ¿Cuál es el que te vendieron?   -Revisaba punto por punto  el número, Nicho el renco-

-Míralo con tus propios ojos, es el  noventa y nueve. –Respondió Flaco- Sabes bien, que nunca sale –Repetía insistente  Alexis-

Concluida la venta de los números, don Raúl tomando impulso, fuertemente gira la rueda, en donde posa la “hechicera” para así; designar el número ganador. Con buena locución “Pajarón” dramatizaba la “jugada” hasta el último instante. -“Se mueve velozmente, a ver, casi lo marca – ¿Cuál número será?- ¿Quién será el afortunado ganador? -Ya casi- a ver- el sesenta, sesenta y dos, sesenta y cinco, se detiene en el sesenta y seis. El número ganador es el sesenta y seis. Lo anunciaba a todas voces “Pagaron”.Al oír Tacaco, que el número favorecido era el sesenta y seis. Acercándose sumo malicioso, le susurró al oído a “Flaco”.

-¡Mira mi querido amigo! nos pegamos el delicioso premio. El suculento “chompipe”

-¡No “Taca”! nosotros tenemos el noventa y nueve, el que salió favorecido fue el sesenta y seis. ¡No hemos ganado nada!

-¡Estás seguro! Mira el sesenta y seis.- Le indicó –

Y virando maliciosamente el noventa y nueve, en un segundo se convirtió en el número ganador, por lo que “Flaco” presuroso, se dirigió donde se encontraba el flamante regente, en su predilecto sector.  Y mostrándole el número ganador. Inmediatamente,  le entregó del jugoso premio.

Para cuando Don Raúl se enteró del ardid perpetrado por el grupo de jovenzuelos, incluyendo el hermano mayor de “Juancho” ¡era demasiado tarde! Aunque; rápidamente activaron los dispositivos de seguridad, no por importarle el  descrito difunto volador, sino para salvaguardar la reputación a su inteligencia. Que viéndola terriblemente maltratada ofuscadamente consideraba, los comentarios negativos que generaría la recién pasada situación. Y su hermano “Flaco” junto a sus amigos, terminaron su cansada carrera en el barrio la Tormenta. Satisfaciéndose a quijada batiente con un delicioso genuino e inesperado banquete.

Siendo aproximadamente las tres de la tarde “Juancho” el hermano menor del que  se robó el delicioso “chompipe” –Que familita- Mirando que el cielo permanecía  demasiado encapotado, como buen Generaleño -dedujo- que no existe un 15 de Mayo sin ser pasado por agua. Para Evitar que  el lindo y perdurable día en su vida no acabe plenamente  empapado, cargando sus dos hediondas mascotas diligente se dirigió al barrio la tormenta lugar en donde se asienta su vivienda. No dejando de reflexionar que gracias a nuestros visionarios religiosos, con la generosa ayuda de humildes pioneros de su pujante población, las futuras generaciones tendrán porque sentirse orgullosos. Al ver levantada la colosal obra.

La construcción del lujoso y moderno templo de la Diócesis, en su querido San Isidro del General.